Agaricus blazei Murrill,  AbM- LA SETA DEL CARNAVAL

Dentro de pocos días, incluso ya esta misma semana la mayor parte de Galicia celebrará el Entroido, el viejo Carnaval que heredamos de los Romanos y ellos a su vez de quién sabe quién. Además de los muy sonados festejos en Laza, Verín y Xinzo, hay muchos otros Carnavales muy famosos en todo el mundo, como el de Tenerife, de Venecia, de Niza o el Mardi Gras de Nueva Orleáns. Pero es innegable que ninguno de ellos puede superar a la fiesta de Río de Janeiro, tanto por su fasto y colorido como por la multitudinaria participación popular. Pero a su vez, el Carnaval de Río eclipsa a cientos de otros carnavales que se festejan en las ciudades brasileñas. Y una de ellas es Sao Paulo, la capital mundial del café.
Y es justamente allí cerca, en las montañas de la Serra da Piedade, donde se localizó por primera vez hace unos cien años a uno de nuestros mejores amigos: el Cogumelo do Sol, al que los Linneanos a ultranza denominamos: Agaricus blazei Murrill o para ahorrar tinta y saliva AbM.
Y dijo bien nuestro amigo, porque el AbM tiene casi los mismos principios activos que el “rey” Reishi, pero en concentraciones de hasta el doble que éste. Aún así y para no crear conflictos en la corte, el Reishi sigue siendo el “rey” y el AbM es sólo la princesa o como dicen los japoneses “Hime-matsutaké”.
Las propiedades terapéuticas del AbM son prácticamente las mismas del Reishi: potencia y a la vez equilibra el sistema inmunitario (antialérgico), es antitumoral, antiviral y bactericida. También protege y promueve la regeneración del hígado (disminución de las transaminasas y bilirrubina) y disminuye el colesterol y la alta tensión arterial, muy de agradecer en caso de pacientes con ateroesclerosis o con riesgos cardiovasculares. La ingesta del AbM no sólo disminuye los contenidos en grasas de la sangre (triglicéridos) sino también el exceso de azúcar, muy importante en los casos de diabetes.
Respecto a su actividad anticancerígena hay que subrayar que el AbM (como otras setas medicinales) actúan por dos rutas diferentes. Por un lado potencian la actividad del sistema inmune permitiendo que nuestras propias defensas naturales ataquen y reduzcan las células cancerosas. Por otra vía el AbM tiene compuestos químicos de demostrada acción anti-tumoral, es decir, sustancias citotóxicas, que llegan hasta el tumor y le atacan reduciéndolo hasta eliminarlo. Los estudios de laboratorio realizados principalmente en Japón han demostrado que el alto contenido en B-glucanos de la seta actúan potenciando la neoformación de un enorme número (¡hasta un 3.000%!) de células NK (leucocitos “Natural Killer”).
A esto se suma el efecto de su enzima tirosinasa, que promueve la transformación del aminoácido tirosina en la dopamina necesaria para la síntesis de la coenzima Q-10, fundamental para un eficiente metabolismo mitocondrial y para evitar los focos anaeróbicos propios de las células cancerosas.
Y como si todo esto fuera poco, es también un adaptógeno, es decir que defiende nuestro organismo del estrés ambiental y emocional, tal como el Ginseng o el Eleuterococo.

Ya sabéis, si en este entroido abusáis del vino, de los lacones y de las filloas y orellas, recordar al AbM y sus propiedades hepatoprotectoras, hipolipemiantes e hipoglucemiantes para reponerse de tanto (¿sano?) exceso. Al fin de cuentas, un día es un día.