HONGOS Y SUELOS I : RECICLADORES DE MATERIA ORGÁNICA

Paul Stamets no es un micólogo cualquiera. Es un experto que no solo reconoció cuatro nuevas especies de setas sino que además ya ha publicado más de un centenar de artículos y varios libros sobre este tema.

Pero ante todo es uno más del numeroso grupo de científicos que desde hace cien años nos vienen advirtiendo sobre el desastre que, -como la espada de Damocles-, cuelga amenazante sobre nuestra civilización: la degradación del suelo.

Esa capa negra o marrón bajo nuestros prados, donde se enraízan los árboles en nuestros bosques, donde se echa la simiente para que crezcan los cereales. Esa delgada capa de un metro o menos de espesor es la clave de la productividad vegetal. Sin suelo no hay plantas y sin plantas no hay vida. Así de sencillo.

Algunos piensan que el suelo es simplemente una masa de materia orgánica muerta, donde se acumulan nutrientes para las plantas y se conserva la humedad. Nada más equivocado: el suelo es un espacio de vida tan activo y diverso como una selva tropical o los océanos, y más rico aún que estos en número de especies y en biodiversidad. En un gramo de suelo hay cerca de un millón de microorganismos (insectos, bacterias, hongos, algas y virus) a los que debemos sumar la masa de sus productos de síntesis y descomposición: enzimas, ácidos, grasas, carbohidratos, etc.

Pero sobre todo: hongos. Nuestro hongos amigos cubren con sus micelios todos los suelos de toda la masa continental del planeta (incluidos los desiertos). Estos finísimos entramados (en un metro cúbico de suelo hay unos 800 kilómetros de “hilos” o hifas) pertenecen a miles de especies distintas (de las que apenas conocemos un 10%) y cuya silenciosa vida no para de crecer constantemente a una media de un centímetro por día.

Lo más interesante de los micelios es que forman una red que no solo comunica a los individuos de una misma especie sino que, además, interactúa con todo tipo de organismos, incluidas las plantas. Stamets va más allá, planteando que esa red es como Internet, un sistema inteligente, un medio de intercambio de información de la conciencia de Gaia al nivel de los continentes.

Pero su función principal es más prosaica: son los grandes recicladores de la materia. Mejor que la más moderna planta de tratamiento integral de residuos. Además, los hongos del suelo son químicos aplicados: cumplen a rajatabla la primera ley de Lavoiser: nada se pierde, todo se transforma. Y también la famosa ecuación de Einstein: E=mc2 ya que transforman la materia en energía para su propio crecimiento y multiplicación. Una auténtica fabrica de productos químicos, enzimas, proteínas, vitaminas y complejos minerales que ponen a disposición de las raíces de las plantas para que estas se nutran.

Ensayos hechos en la Universidad de Idaho (EE.UU.) han comparado algunos contenidos de elementos vitales para las plantas en suelos con y sin la presencia de los micelios del shiitake:

pH fósforo* potasio* materia orgánica nitrógeno*

sin Shiitake 5,7 2,5 83,0 12,0 % 4,9

con Shiitake 7,0 224,0 547,0 28,2 % 46,9

*valores en mg/kilo

El significado de esta tabla está muy claro: los hongos son un factor esencial en el enriquecimiento de nutrientes en los suelos. Es más, otros ensayos realizados por Stamets y su equipo demuestran que la preparación de “compost” con la inclusión de micelios de setas produce un compost muchísimo más rico en nutrientes. Esto permitiría una inteligente solución para la eliminación de residuos orgánicos, al tiempo que se obtendría un excelente fertilizante orgánico de alta biodisponibilidad.