HONGOS Y SUELOS II : BIOREMEDIACIÓN DE SUELOS

En el artículo anterior vimos que los micelios son fundamentales para la supervivencia de las plantas, la conservación de los suelos y el mantenimiento de sus propiedades como elemento nutriente de la vida y como reciclador de la materia muerta. Pero además, los micelios fungales pueden cumplir con una misión adicional y muy importante para salvar a nuestro medio ambiente de la agresión de los inventos del ser humano: la bioremediación.
Los micelios producen ácidos y enzimas extracelulares que son capaces de romper las largas cadenas de carbonos que forman la estructura básica de muchos contaminantes orgánicos: pesticidas, derivados del petróleo, plásticos, PBC, etc.
Stamets dedicó varios años al tema, trabajando en conjunto con los Battelle Laboratories y otras agencias gubernamentales. El problema de los desechos tóxicos no solo es preocupante por su peligro actual, sino por que además y debido a su resistencia para ser eliminados o neutralizados, comprometen a las futuras generaciones.
Una de las especies del género Pleurotus es capaz de destruir los restos de aceites de petróleo densos como los que quedan impregnando los suelos después de un derrame de petróleo o como resultado de la actividad de antiguos talleres, fábricas o depósitos donde en su tiempo, no se tomaron precauciones para evitar su derrame (también accidentes, incendios, causas bélicas, etc.). Se hicieron pruebas comparativas utilizando en algunas parcelas estas setas y en otras del mismo terreno contaminado utilizando bacterias o distintos productos químicos. Al cabo de un mes las muestras extraídas de las parcelas sometidas a ensayos no micológicos, no mostraban cambios importantes, seguían impregnadas de petróleo. En cambio en los suelos inoculados con micelios de Pleurotas ostreatus (seta de ostra) se veían setas de hasta 30 centímetros de diámetro, que además de no estar contaminadas eran perfectamente comestibles, y además, el 95% de los hidrocarburos habían desaparecido del suelo.
Stamets también demostró la gran utilidad de los micelios de las setas para sanear suelos contaminados con diversos tipos de compuestos químicos: desde sustancias exfoliantes y “gas sarín” utilizados con fines militares hasta camas filtrantes para neutralizar los purines de granjas de cerdos o vacunos. Los resultados de sus experiencias y la explicación de cómo funciona el proceso están ampliamente aclarados en su libro: “La Gestión del Micelio: Como las Setas pueden salvar al Mundo”
También se han hecho pruebas con especies como Gomphidius glutinosus para remediar suelos contaminados con residuos radiactivos (especialmente cesio) y metales pesados, tales como mercurio, arsénico, cadmio y plomo. Estas especies pueden concentrar los contaminantes hasta 10.000 la proporción en que se encuentran en el suelo contaminado. El mecanismo de bio-descontaminación es muy sencillo. Se “siembra” el suelo a limpiar con micelios de las setas elegidas y cada temporada de aparición de la setas (con altos contenidos de contaminantes) estas se recogen y se envían a un sitio de almacenamiento de residuos radiactivos o en el caso de metales pesados se tratan químicamente para su neutralización. La absorción de metales pesados es específica para cada especie, es decir, que algunas especies de setas absorben mercurio pero no plomo. Algunas pocas especies son capaces de absorber hasta cuatro metales pesados distintos, si bien su capacidad de concentración no es demasiado alta. Entre las especies destacadas por atraer varios metales pesados a concentraciones importantes destacan: Boletus edulis, Lycoperdon perlatus y Chlorophyllum rachoides.
Realmente el uso de las setas como bioremedio es una técnica que aún está en sus primeras fases de desarrollo, pero que presenta unas enormes posibilidades tanto por su sencillez como por su efectividad. Uno de los ensayos más prometedores de los muchos que se están realizando en este momento, es la capacidad de alguna seta de descontaminar suelos impregnados por dioxinas, un importante tóxico cancerígeno muy difícil de extraer del medio en que se encuentra disperso.
Por cierto, Stamets dedica un capítulo de su libro al uso de micelios como arma para combatir incendios forestales, algo que nos preocupa mucho en Galicia (y en todo el mundo). Ya hablaremos de ello cuando llegue el verano.