Bitácora corporativa de Hifas da Terra
Sistema Inmunitario, enfermedad autoinmune y SETAS
En los últimos veinte años se han ido acumulando una serie de evidencias que señalan la posible existencia de una relación causal entre el desarrollo de enfermedades autoinmunes y la existencia en nuestro organismo de un desequilibrio entre los linfocitos T ayudantes: Th1 y Th2 (h de “helper” = ayudante en inglés). Las citoquinas producidas por los linfocitos Th1 (fundamentalmente interleuquinas IL-2 y g-IFN) son específicas para atacar las infecciones virales endocelulares, en tanto que las producidas por los linfocitos Th2 (predominantemente interleuquina IL-4) son específicamente proinflamatorias y productoras de anticuerpos, utilizadas para actuar contra bacterias y parásitos extracelulares. Si nuestro cuerpo está en homeostasis, -en equilibrio-, hay armonía entre Th1 y Th2, y sus citoquinas se inhiben mutuamente. Pero cuando este equilibrio se rompe y predominan los linfocitos Th2, el organismo se encuentra bajo un estado pro-inflamatorio y favorable al desarrollo de patologías autoinmunes (cuando hay una alergia se dice que el sistema inmunitario está en estado Th2).
La ruptura del equilibrio Th1/Th2 puede deberse a varios factores, entre ellos: consumo excesivo o prolongado de esteroides (corticoides), exposición a insecticidas o productos químicos con acción disruptora hormonal, estrés y la acción de péptidos alimentarios o grasas “trans”.
Dentro de la enorme complejidad del funcionamiento del sistema inmunitario humano (que difiere muy poco del resto de los mamíferos), hay que destacar el importante papel que juegan un grupo de células denominadas “linfocitos T”. Estos “glóbulos blancos” se generan jnunto con los “glóbulos rojos” y otras céluas de la sangre, en la médula ósea, pero son activados en el Timo (de ahí su nombre de linfocitos T).
Hay varios tipos de linfocitos T:
- los linfocitos T citotóxicos, que liberan citoquinas que provocan la apóptosis (muerte) celular de aquellas células que han cambiado por mutación celular (cáncer) o por culpa de una invasión vírica (enfermedades de origen vírico, desde una leve gripe hasta enfermedades víricas graves como la hepatitis, el herpes o el papiloma). También “llaman” a los macrófagos que se encargan de “limpiar la zona de los cadáveres de las células muertas”.
- los linfocitos T supresores, que son los encargados de detener la reacción del sistema inmunitario una vez que los T citotóxicos han terminado su misión.
- los linfocitos T programados, que son los que memorizan la actividad patogénica para que la respuesta inmunitaria ante una nueva infección del mismo tipo sea mucho más rápida.
- los linfocitos T ayudantes, también conocidos como células CD4 y CD8, que son las que estimulan la actividad de los linfocitos T citotóxicos y que a su vez liberan distintos tipos de interleuquinas.
Dentro de la familia de células CD4 hay dos importantes tipos de linfocitos que se denominan Th1 y Th2.
Las células Th1 y Th2 fueron descritas por primera vez por Fundenberg en 1967 y estudiadas por Parish en 1972, quien descubrió la existencia de una relación inversa entre la inmunidad celular y la humoral, indicando que cuando predomina la inmunidad celular (Th1) la humoral (Th2) esta deprimida. Al contrario, si predomina la humoral la celular es inhibida. Pero no fue hasta 1992 cuando Romagnani encontró esta polarización inmunológica en personas con enfermedades crónicas. Hoy en día la polarización inmunológica Th1 versus Th2 es plenamente aceptada, así como su influencia en diversas situaciones clínicas tales como: infecciones virales crónicas y enfermedades autoinmunes.
En el caso de un tejido inflamado como resultado de una enfermedad autoinmune, los linfocitos Th2 predominarán notablemente sobre los Th1 y habrá una importante producción de interleuquinas IL-4. Dado que ambas se inhiben mutuamente, la abundancia de Th2 inhibirá la presencia de la Th1, con el resultado de que el sistema inmunitario del organismo se verá disminuido en su función de lucha contra las enfermedades virales crónicas. Además dado que una de las especialidades de los linfocitos Th1 es la destrucción de las células neoplásticas, se favorecerá el desarrollo del cáncer.
¿Por qué ese desequilibrio? Los linfocitos Th2 son producidos por las células madre de la sangre en la médula ósea (células hematopoyéticas) y su misión es la de combatir bacterias y parásitos patógenos. Es probable que nuestra herencia evolutiva favoreciese la producción de abundantes linfocitos Th2 para combatir las frecuentes y numerosas bacterias y parásitos que convivían con el hombre primitivo. El desarrollo de la higiene moderna, la eliminación de parásitos y bacterias en los alimentos mediante cocción, fermentación, pasteurización; así como el empleo de productos químicos bactericidas y antiparasitarios en el hogar, en la industria alimentaria y en el medio ambiente en general, junto con la cloración del agua han provocado la “inutilidad” del exceso de Th2 en nuestra sangre. Esto provoca una tendencia al desequilibrio con un ligero predominio de Th2 sobre Th1. La tendencia podría llegar a cronificarse generando, como conseducencia, un estado “Th2 crónico”, que promueve el desarrollo de enfermedades autoinmunes.
Curiosamente la medicina higienista lleva años incidiendo en la relación que parece haber entre las enfermedades autoinmunes y el exceso de higiene. Esto es especialmente claro en el caso de el asma infantil e incluso se ha demostrado de forma repetida y con distintos ensayos, como el asma puede curarse con la simple convivencia del niño asmático con ovejas o vacas (y sus bacterias y parásitos) durante unos días, lo que reconduce su sistema inmunitario al equilibrio Th1/Th2 normal, con la desaparición de la alergia.
Otra causa del desequilibrio a favor de un predominio de linfocitos Th2 frente a los Th1, es nuestra alimentación inadecuada. El efecto de la dieta moderna sobre nuestra salud es la base fundamental de la medicina naturista y su justificación a nivel celular y bioquímico ha sido resumido por el Dr. Jean Signalet en su libro “Alimentación, la tercera medicina”. La evolución ha diseñado un sistema digestivo que no está adaptado a la dieta moderna, con predominio de proteinas desnaturalizadas por la cocción, la escasez de enzimas y la abundancia de grasas procesadas. Estos alimentos, incompatibles con nuestro sistema digestivo, no son bien digeridos, transformándose en péptidos y grasas tóxicas que provocan una primera reacción inflamatoria a nivel de las células inmunitarias de la mucosa intestinal. Este inflamación provoca a su vez una pérdida de la impermeabilidad del tubo digestivo, permitiendo que esos péptidos y grasas tóxicos pasen la barrera intestinal y se viertan al flujo linfático y sanguíneo. El sistema inmunitario interpreta estas moléculas como antígenos (moléculas extrañas al organismo), generando la respuesta intensa de los linfocitos Th2 que producen anticuerpos para neutralizarlas. El resultado es una estimulación de la actividad de los linfocitos Th2. Después de años manteniendo una dieta inadecuada, con la consecuente estimulación de la actividad de los linfocitos Th2, el equilibrio Th1/Th2 se desplaza hacia un predominio Th2, que con el tiempo pasa a ser un estado “Th2 crónico”, dando origen a inflamación y enfermedades autoinmunes.
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mirsa
January 22nd, 2010 el 12:47 am
La informacion es buena pero es que hay formulas que yo
no las entiendo