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En el Día Mundial del Párkinson se pretende sensibilizar de la importancia de esta enfermedad, haciendo énfasis en los síntomas que más afectan a la vida diaria de las personas que la padecen: la rigidez y la bradicinesia (lentitud en los movimientos). Este año se ha querido destacar la importancia de la música y el baile en la superación de algunas barreras del día a día, favoreciendo la motricidad.

El párkinson fue descrito por el doctor James Parkinson en 1917, con el nombre de “parálisis agitante”. Se trata de una enfermedad crónica que afecta al sistema nervioso, concretamente se caracteriza por la degeneración de un tipo de células cerebrales encargadas de producir la dopamina, neurotransmisor implicado en el correcto control de los movimientos. Sin embargo, en la actualidad parece estar redefiniéndose la etiología de esta enfermedad ya que se ha descubierto la afectación de varios sistemas como el límbico y el somatosensorial.

Origen de la enfermedad
Su causa es desconocida y, a pesar de que se reconocen múltiples factores genéticos en su aparición, los conocimientos científicos en genética actuales tan solo permiten explicar poco menos del 10 % de todos los casos que aparecen. Esta enfermedad se identifica por los síntomas que presentan las personas que la padecen: temblores, rigidez muscular, anomalías posturales y trastornos del equilibrio.

El párkinson afecta por igual a hombres y mujeres pero en cuestión de edad, las personas que se encuentran en el rango entre los 40 y 70 años son las que se ven especialmente afectadas (un número importante de diagnósticos se dan pasados los 65 años), a pesar de que cada vez más se están dando pacientes más jóvenes con diagnóstico confirmado (un 30 % son menores de 65 años), existiendo incluso un “párkinson juvenil” que afecta a menores de 15 años, aunque se considera una “enfermedad rara”.

Lo realmente preocupante en estas situaciones son los problemas asociados a la enfermedad y que afectan a la calidad de vida de los pacientes: trastornos del sueño, fatiga crónica, dolores musculares, trastornos cognitivos y depresivos, problemas respiratorios, etc., los cuales hacen que estos enfermos lleguen a ser dependientes a partir del estadio IV que cursa con incapacidad grave.

Micoterapia y párkinson
Desgraciadamente, al tratarse de una enfermedad crónica, no tiene cura, pero existen opciones para tratarla, como los fármacos antiparkinsonianos, que actúan a nivel neuronal, o los que suavizan los síntomas, algunas intervenciones quirúrgicas y la complementación con rehabilitación y terapias naturales.

Destacaremos la Micoterapia, dentro de la cual podemos dar uso al extracto de Melena de león –Hericium erinaceus, hongo medicinal que ha demostrado poseer mecanismos de regeneración de la mielina y del tejido nervioso (Mori et al. 2008), así como en el tratamiento de episodios depresivos y ansiedad (Nagano et al. 2010).

Por otro lado, Reishi –Ganoderma lucidum completaría el tratamiento de Micoterapia, gracias a su uso como antiinflamatorio natural, mostrando notables resultados en pacientes con dolores articulares afectados de artritis (Li et al. 2007) y como ansiolítico, mejorando comportamientos depresivos (Matsuzaki et al. 2013), lo que será de vital importancia, ya que la Asociación Europea de la Enfermedad de Párkinson refleja que los síntomas depresivos en estos pacientes (84 %) son casi tan frecuentes como los trastornos motores (94%).

Referencias:

 

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