Hay mucha vida después del cáncer. Este es el mensaje que motivó la III edición del Reto Pelayo Vida Polar 2017 que acaba de concluir en tierras groenlandesas con Micaela, Encarna, Lorena, Ana Belén y Esther; las cinco mujeres que con su ejemplo de valentía en el Polo Norte abanderan la superación y la esperanza en torno a esta enfermedad.

Micaela, el reto en primera persona

Micaela es una de las protagonistas del reto. Hace tan solo nueve meses acabó el tratamiento de su enfermedad y, según reconocía en su visita a Hifas da Terra el pasado mes de agosto, lo último que imaginaba es que el Polo Norte sería su próximo destino; sobre todo después de que en noviembre de 2016 le diagnosticaran un cáncer de mama. Durante su visita nos explicó cómo vivió la enfermedad desde el momento del diagnóstico.

Desde eNtonces, y con un niño de tan solo 2 años, organizó su boda y afrontó, por este orden, 12 sesiones de quimioterapia, una intervención quirúrgica 一en la que le retiraron 13 ganglios一 y más de 30 sesiones de radioterapia. Echando la vista atrás, durante su visita nos habló del cáncer como una enfermedad que implica un tratamiento largo y especial, pero que no significa el fin.

En este largo proceso la familia fue su mayor apoyo e inspiración, aunque el diagnóstico también implicó grandes cambios en primera persona. «En el momento en el que te dicen que tienes cáncer y el tratamiento a seguir, te asustas y piensas, eso es lo que van a hacer en el hospital, pero también te preguntas qué puedes hacer para mitigar los efectos secundarios de la quimioterapia». Uno de sus mayores miedos estaba relacionado, precisamente, con los vómitos, la náuseas y otros efectos secundarios asociados a los tratamientos convencionales.

La sinergia del tratamiento convencional y la Micoterapia

Micaela forma parte de ese 80% de pacientes oncológicos que, según las últimas encuestas, utilizan terapias complementarias en el tratamiento del cáncer. En su búsqueda de lo que le podría ayudar a afrontar mejor la enfermedad, Micaela encontró la Micoterapia por recomendación de su familia, implicada en el proyecto de Hifas da Terra.

Después de que el departamento biomédico  evaluase su caso y estableciese un protocolo, Micaela tomó todas las precauciones para conocer la interacción con el tratamiento que le habían pautado en el hospital. «Consulté a los oncólogos que estaban llevando mi caso y me respaldaron en todo momento. Me dijeron que estos productos —fórmulas con extractos de hongos— tenían base científica y que estaba demostrado que la micoterapia ayudaba en el proceso protegiendo el estómago, mejorando las defensas y mejorando la energía y fortaleza que me iba a quitar la quimioterapia».

Micaela empezó con Mico-Mama antes de iniciar las sesiones de quimioterapia, cuando le entregaron una hoja con todo lo «terrible» que le podía pasar: llagas en la boca, pérdida del cabello, el deterioro de las uñas… El resultado fue inmejorable. «No tuve nada y no sé si fue por tener las defensas altas. Cada vez que me iban a dar la quimio me hacían analíticas y siempre daban bien», explicó. De hecho, recordaba que mientras recibía la quimioterapia se tomaba una empanadilla y un zumo y, al acabar, se iba para casa. «No vomité nunca y no tuve malestar de ningún tipo».

El fin de la quimioterapia dio paso a la operación, de la que también tuvo una buena recuperación. Al salir de quirófano, aun con un tubo de drenaje, se fue a un festival de música. Aunque tuvo molestias los primeros días, después de la intervención se sentía con fuerzas y con ánimo. «Me retiraron 13 ganglios y hasta ahora no he tenido linfedema», aseguró.

La radioterapia fue el último tratamiento del «pack completo». En esta ocasión también utilizó los productos de Hifas da Terra. «Seguí con un jabón y la crema que tienen para regenerar la piel». Hasta la sesión 30 tuvo la «piel perfecta» y después, aunque sí se le formaron algunas quemaduras leves, no fue nada grave «para lo duro que es el tratamiento», subrayó.

Antes de emprender su viaje a Groenlandia, Micaela se definió como una persona «muy optimista que siempre «busca lo positivo» de sus vivencias. Después de todo lo vivido, sin dudarlo, para ella ir al Polo Norte y tener el pelo rizo son dos premios por haber superado el cáncer.

 

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