Qué es la inflamación crónica y cómo afecta a tu salud?
La inflamación es una parte natural y esencial del sistema de defensa del organismo. A corto plazo, ayuda a proteger contra infecciones, lesiones y el estrés ambiental. Sin embargo, cuando la inflamación se vuelve crónica y de baja intensidad, puede empezar a afectar a muchos aspectos de la salud a largo plazo.
La inflamación persistente se ha asociado a una amplia gama de afecciones, como trastornos metabólicos, enfermedades cardiovasculares, cambios neurodegenerativos y desregulación inmunitaria. No en vano, en 2004, la conocida revista TIME le dedicó su portada bajo el titular “The Secret Killer” (“el asesino silencioso”). Hoy en día la medicina moderna se centra cada vez más en apoyar la capacidad del organismo para regular las vías inflamatorias, en lugar de limitarse a suprimir los síntomas.
Causas principales de la inflamación sistémica
Diversos factores fisiológicos y del estilo de vida pueden contribuir a una señalización inflamatoria persistente, entre ellos:
- Estrés oxidativo y daño celular.
- Desequilibrio del microbioma intestinal.
- Falta de sueño y estrés crónico.
- Desregulación del azúcar en sangre.
- Exposición a toxinas ambientales.
- Estilo de vida sedentario.
Abordar estos factores es una parte importante de cualquier estrategia de salud a largo plazo. Por tanto, los compuestos nutricionales que ayudan a favorecer la actividad antioxidante, el equilibrio inmunitario y la resiliencia metabólica pueden desempeñar un papel complementario muy útil.
Hongos de la Medicina Tradicional: ¿moduladores naturales de la inflamación?
Los hongos funcionales, la mayoría empleados en la Medicina Tradicional, se han utilizado durante siglos. La investigación moderna explora cada vez más su papel potencial en el apoyo a la regulación inmunitaria y el equilibrio inflamatorio.
Muchos hongos contienen compuestos bioactivos como:
- beta-(1→3), (1→6)-D-glucanos.
- Triterpenoides.
- Ergotioneína.
- Polifenoles y polisacáridos.
Estos compuestos han sido estudiados por su capacidad para influir en la señalización de las células inmunitarias, las vías del estrés oxidativo y los mediadores inflamatorios [1]. En lugar de actuar como agentes antiinflamatorios farmacéuticos, los hongos parecen reforzar los propios mecanismos reguladores del organismo.
Reishi, Cordyceps y Melena de León para el equilibrio inmunitario
Estos son los hongos que han captado la atención de la investigación que explora la inflamación y la regulación inmunitaria.
Ganoderma lucidum (Reishi)
El Ganoderma lucidum es uno de los hongos más investigados. Contiene triterpenoides, beta-glucanos, esteroles y compuestos antioxidantes. Los estudios sugieren que los compuestos del Reishi pueden influir en las vías inflamatorias mediante:
- La modulación de la señalización de las citoquinas.
- El apoyo a los sistemas de defensa antioxidante.
- La influencia en la actividad de las células inmunitarias.
Estas acciones pueden ayudar al organismo a mantener respuestas inmunitarias equilibradas en lugar de una señalización inflamatoria excesiva [2].
Cordyceps sinensis
El Cordyceps sinensis se ha asociado tradicionalmente con la energía, la resistencia y la resiliencia respiratoria. Sus principales compuestos bioactivos incluyen la cordicepina, la adenosina y los polisacáridos. La investigación sugiere que estas moléculas pueden influir en:
- La producción de energía mitocondrial.
- Las vías del estrés oxidativo celular.
- La señalización de los mediadores inflamatorios.
Al apoyar el metabolismo energético celular y las defensas antioxidantes, el Cordyceps puede ayudar al cuerpo a adaptarse al estrés fisiológico que contribuye al desequilibrio inflamatorio [3].
Hericium erinaceus (Melena de león)
El Hericium erinaceus, comúnmente conocido como Melena de león, contiene compuestos únicos llamados hericenonas y erinacinas. Aunque el interés de la investigación se centra principalmente en la salud neurológica, los estudios también sugieren que puede influir en:
- Las vías del estrés oxidativo.
- Los procesos neuroinflamatorios.
- La señalización del eje intestino-cerebro.
Estas acciones pueden ser especialmente relevantes en situaciones en las que la inflamación afecta a la función cognitiva, el estado de ánimo o la resiliencia neurológica [4].
Compuestos bioactivos de los hongos: beta-glucanos y triterpenos
Los hongos funcionales contienen una serie de compuestos que interactúan con las vías inmunitarias e inflamatorias. Algunos ejemplos clave son:
- beta-(1→3),(1→6)-D-glucanos: polisacáridos inmunomoduladores reconocidos por receptores como el dectina-1.
- Triterpenoides: compuestos estudiados por su papel en las vías de señalización inflamatoria.
- Ergotioneína: un aminoácido antioxidante muy potente que se encuentra en muchas especies de hongos.
- Polisacáridos y polifenoles: compuestos asociados a la regulación antioxidante y metabólica.
Juntos, estos compuestos pueden contribuir a un entorno inflamatorio más equilibrado dentro del organismo.
La conexión entre el microbioma intestinal y la inflamación
El microbioma intestinal desempeña un papel fundamental en la regulación de la inflamación sistémica. Ciertas fibras de los hongos actúan como sustratos prebióticos para las bacterias intestinales beneficiosas, ayudando a producir metabolitos como los ácidos grasos de cadena corta. Estos metabolitos microbianos pueden influir en la señalización inmunitaria, la integridad de la barrera intestinal y la regulación inflamatoria en todo el cuerpo [5].
La ciencia de los hongos y consejos que funcionan para evitar la inflamación crónica
Los hongos mencionados funcionan mejor como parte de un enfoque de estilo de vida más amplio. Las estrategias basadas en la evidencia para apoyar el equilibrio inflamatorio incluyen:
- Una dieta diversa y rica en plantas.
- Actividad física regular.
- Sueño adecuado y apoyo al ritmo circadiano.
- Regulación del azúcar en sangre.
- Gestión del estrés.
Así, estas especies pueden complementar estas estrategias aportando compuestos bioactivos que favorecen la resiliencia inmunitaria y la protección antioxidante.
Polvo y Cápsulas
Los hongos se pueden incluir en la dieta como cualquier otro alimento, pero la disponibilidad y su propia naturaleza, muchas veces maderosa, no permite la cocina. Las infusiones figuran entre los usos medicinales más antiguos, sin embargo hoy en día, gracias a los avances de la biotecnología, es posible consumirlos en forma de polvo (hongo deshidratado y molido) o en cápsulas de extracto. Esta presentación es la que presenta una mayor concentración de sus biomoléculas activas y permite establecer pautas sencillas para lograr las cantidades efectivas de determinados compuestos.
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Referencias:
- Jayachandran M. et al. (2017). A review on the health benefits of β-glucans. Journal of Food Science and Nutrition.
- Boh B. et al. (2007). Ganoderma lucidum and its pharmaceutically active compounds. Biotechnology Annual Review.
- Dai Y. et al. (2015). Cordyceps species: nutritional and therapeutic potential. Journal of Traditional and Complementary Medicine.
- Friedman M. (2015). Chemistry, nutrition and health-promoting properties of Hericium erinaceus. Journal of Agricultural and Food Chemistry.
- Valdes A.M. et al. (2018). Role of the gut microbiota in nutrition and health. BMJ.