Qué es la histamina

Hablemos de primavera y alergias estacionales. En este punto del año es normal preguntarnos cómo están los niveles ambientales de polen este año y cómo se presenta la temporada para las personas con hipersensibilidad a las gramíneas, los ácaros… Si profundizamos en esta cuestión, llegamos hasta la histamina, la sustancia que está detrás de muchos de los procesos relacionados con la urticaria, el goteo nasal, el exceso de mucosidad y la inflamación alérgica. Veamos por qué.

La histamina está detrás de muchos de los procesos relacionados con la urticaria, el goteo nasal, el exceso de mucosidad y la inflamación alérgica.

Una de las cuestiones más reveladoras es que, a pesar de lo que se pueda pensar,  la histamina es una sustancia presente en los tejidos de nuestro organismo. A finales de la década de 1920, un grupo de investigadores halló este compuesto en varios tejidos de nuestros órganos, hito del que derivó su nombre histós, que significa “tejido” en griego.

De nota: a nivel bioquímico, la histamina (C5H9N3) se clasifica como una amina (tiene la estructura del amoníaco (NH3)) y se forma a partir de la eliminación, en forma de CO2, de compuestos de carboxilo de la histidina del aminoácido.

Hilando más fino, podemos decir que la histamina se encuentra de forma natural en las células de nuestro sistema inmunitario, concretamente de los mastocitos y los basófilos (entre otras) y, según las investigaciones realizadas, constituye un mediador fundamental de la respuesta alérgica.

¿Qué funciones tiene la histamina?

Según explica la Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica (SEICAP) en su página web, cuando una persona reacciona ante alérgenos comunes como el polen, los ácaros, etc. produce anticuerpos IgE (inmunoglobulina E) contra a esa sustancia. Si dicho alérgeno penetra en el organismo, los anticuerpos se unen a él y puede desencadenar la liberación de sustancias como la histamina, que puede sería la responsable de la aparición de síntomas como tos, afonía, pitos, estornudos, picor, lagrimeo, enrojecimiento de ojos, urticaria, inflamación…

Los mastocitos y los basófilos son células inmunitarias muy presentes en piel y mucosas. Estas son las responsables de almacenar los gránulos que contienen histamina y que se liberan como respuesta a diversos estímulos. La inmunoglobulina E (IgE) es una de las moléculas que promueve la liberación de histamina.

Las investigaciones realizadas en los años 30 del siglo pasado permitieron avanzar en el desarrollo de los primeros antihistamínicos, los fármacos que bloquean los efectos de la histamina, pero también permitieron descubrir más detalles sobre la histamina. El efecto sedante derivado de los mismos sirvió para determinar que la histamina no solo tiene que ver con la respuesta inmune, sino que también interviene en el sistema nervioso central (SNC), en donde participa en la regulación de diversas funciones como el sueño, la actividad locomotora e, incluso, en la memoria y el aprendizaje.

¿Cuáles son sus efectos?

En el artículo Histamina y comunicación intercelular: 99 años de historia se recogen las evidencias de mayor relevancia llevadas a cabo por la comunidad científica, desde que en 1910 los ingleses Dale y Laidlaw extrajeran la histamina del cornezuelo del centeno.

Como ya explicamos, cuando las células liberan histamina, esta se une a sus receptores y produce distintos tipos de respuestas según el receptor que active y el tejido afectado. Ya mencionamos el goteo nasal, el picor y la urticaria, pero no es la única sintomatología asociada. A través de cuatro tipo de receptores de histamina en nuestro organismo, podemos ver otros efectos resultantes de su liberación:

  • H1

Dónde se localiza: músculo liso, células endoteliales, médula de las glándulas suprarrenales, corazón y SNC

Efectos principales de la activación del receptor: respuestas alérgicas, contracción del músculo liso, liberación de hormonas y regulación del ciclo vigilia-sueño

  • H2

Dónde se localiza: células gástricas parietales, músculo liso, células supresoras T, neutrófilos, corazón, útero y SNC

Efectos principales de la activación del receptor: estimulación de la secreción de ácido gástrico, relajación del músculo liso

  • H3

Dónde se localiza: SNC y nervios del corazón y tracto gastrointestinal

Efectos principales de la activación del receptor: inhibición de la síntesis y liberación de la histamina y otros neurotransmisores

  • H4

Dónde se localiza: médula ósea, leucocitos, neutrófilos, eosinófilos, mastocitos y pulmón

Efectos principales de la activación del receptor: respuestas inmunes, quimiotaxis de eosinófilos y células mastoides, producción de citoquinas y quimiocinas

Funciones del la histamina
Fuente: Role of Histamine in Modulating the Immune Response and Inflammation, 2018 (Figura 2). Esta imagen representa las funciones inflamatorias y regulatorias de la histamina. Las flechas rojas indican una acción proinflamatoria, mientras que las verdes reflejan la acción regulatoria.

Por qué se habla de la histamina en la alergia

Una de las primeras líneas de investigación en torno a la histamina fue su implicación en las respuestas alérgicas. Según las investigaciones realizadas por Lewis (1924), la liberación de histamina da lugar a una triple respuesta en la que son comunes:

  • eritema central
  • edema
  • eritema periférico

De acuerdo con la revisión publicada en 2009, en esta triple respuesta están implicados, fundamentalmente los receptores H1, aunque también los H2. El eritema mencionado puede causar enrojecimiento en la piel, un descenso de la presión arterial y de la resistencia periférica. Además, al activarse los H1, se producen las condiciones para que se produzca el edema y el prurito.

Fruto de esta investigación se desarrollaron los antihistamínicos, capaces de bloquear a los receptores H1 y con resultados positivos en caso de rinitis, conjuntivitis, prurito, dermatitis atópica…

La histamina puede modificar la respuesta inmune

Otros hallazgos relacionados con el sistema inmune y la liberación de histamina

  1. La activación de los receptores H1, H2 y H4 participa en procesos inflamatorios y en la respuesta inmune, por lo que la liberación de histamina podría modificar la respuesta inmunitaria.
  2. La de los receptores H1 favorece la proliferación de células T y B, además del aumento de la respuesta Th1.
  3. Al activarse los receptores H1 disminuye la inmunidad humoral y estimula la producción de inmunoglobulina E (IgE).
  4. Al activarse los de tipo H4 se producen cambios en los mastocitos, dando lugar a un cambio celular observado en la rinitis alérgica (redistribución de los mastocitos en la mucosa nasal).

Qué son los antihistamínicos

Estos fármacos basan su efecto, fundamentalmente, en el bloqueo de los receptores de histamina tipo H1 que, como vimos, tiene consecuencias sobre la respuesta alérgica, la contracción del músculo liso, la liberación de hormonas y la regulación del ciclo vigilia-sueño.

Antihistamínicos de primera y segunda generación

Los de primera generación son fármacos lipofílicos, capaces de entrar con facilidad en el interior de las células. En consecuencia, su absorción y metabolización es rápida, por lo que que deben administrarse con frecuencia, 4 y 4 veces al día. Asimismo, causan importantes efectos secundarios, como sedación y convulsiones.

Por otra parte, los de segunda generación se han desarrollado en los últimos 25 años. Algunos derivan de los de primera generación, pero con una clara diferencia: la reducción de los efectos sedativos y anticolinérgicos.  A pesar de ello, no están exentos de efectos secundarios, sobre todo si se administran con otros fármacos.

¿Por qué se habla de la relación entre histamina, alergias y sistema digestivo?

Ya sabemos que la histamina es un mediador en las alergias, pero también participa en la enfermedad inflamatoria intestinal. Así lo subraya un artículo publicado en 2005 en el que, además, se observaron altos niveles de histamina en pacientes con enfermedad de Crohn y colitis ulcerosa. Entre otros argumentos, los autores esgrimen que de los cuatro receptores de histamina, tres se descubrieron en el sistema digestivo, lo que demostraría que esta amina podría tener actividad sobre el tracto intestinal. Investigaciones más específicas sobre el tipo de receptor H1 han confirmado que la histamina podría ser responsable de la diarrea en la enfermedad inflamatoria intestinal y las alergias alimentarias.

La influencia de la histamina en el desarrollo de migrañas

A medida que avanza la investigación sobre esta sustancia, parece estar omnipresente en multitud de procesos biológicos. Si ampliamos el foco sobre el dolor de cabeza, encontramos una conexión clara entre histamina y migraña ya que la primera se considera un mediador químico de la segunda. De hecho, se ha relacionado la deficiencia de DAO (Diamino oxidasa), la enzima responsable de degradar la histamina, con la presencia de migrañas.

El 87% de las personas con baja actividad de DAO tiene migraña

La evidencia publicada demuestra que las personas con baja actividad de esta enzima no pueden degradar la histamina exógena que consumimos a partir de los alimentos que ingerimos. Este exceso podría causar migrañas y otros síntomas de los que ya hemos hablado anteriormente como problemas intestinales, piel atópica, fatiga, etc. pues desencadenaría los procesos que explicamos en los receptores.

Alimentos liberadores de histamina: atún, chocolate, fresas, tomate

¿Por qué se habla de alimentos liberadores de histamina?

Una de las guías elaboradas por la SEICAP indica que determinados alimentos que contienen sustancias como aminas vasoactivas como las histaminas pueden desencadenar síntomas que, sin serlo, podrían confundirse con una reacción alérgica. Es lo que llaman «alimentos falsamente alergizantes», aunque son alimentos considerados liberadores de histamina. Entre otros, estos son los alimentos mencionados por la sociedad médica:

  • atún
  • chocolate
  • fresas
  • tomate

¿Existen alimentos y/o compuestos con capacidades antihistamínicas?

Beta-glucanos

Estos compuestos polisacáridos presentes en alimentos como las setas, determinados cereales y algas han sido estudiados por su acción sobre el sistema inmune, fundamentalmente. En un estudio publicado por la revista Food Science & Nutrition se observó que la complementación con fórmulas con beta-glucanos reducía los síntomas de la alergia en un 28% y la severidad de los mismos en un 52%.

Las fórmulas con beta-glucanos reducen los síntomas de la alergia y la severidad de los mismos.

En las conclusiones de este estudio también se indicaron mejoras generales señaladas por los participantes del ensayo. Estos señalaron mejoras en trastornos del sueño, niveles de energía y reducción de sintomatología relacionada con el goteo nasal, el enrojecimiento de los ojos, la congestión, etc.

Bromelaína

Un estudio publicado en 2013 demostró que esta enzima presente el la piña podría reducir la sensibilización a los procesos alérgicos en los que están implicados las vías aéreas gracias a su acción antialérgica y antiinflamatoria.

Quercitina

Este compuesto se encuentra en muchos alimentos de origen vegetal, pero destaca, sobre todo, en brécol, manzanas, uvas y té. La quercitina destaca por su capacidad antioxidante. De acuerdo con el estudio Quercetin and Its Anti-Allergic Immune Response, publicado en 2006, la quercitina puede reducir la liberación de histamina y contribuir en la reducción de los procesos inflamatorios.

Vitamina C

Varios estudios han evaluado la relación entre la vitamina C y el metabolismo de la histamina. Un artículo publicado en 2015 indica que el ascorbato tiene una capacidad única para degradar esta sustancia. Publicaciones anteriores sobre ensayos en humanos reflejan que la toma de vitamina C desciende significativamente los niveles de histamina en plasma. En modelos animales incluso se ha documentado el descenso de la bronconstricción causada por la histamina.

En resumen…

La histamina es más que una mera sustancia que interviene en la inflamación y la alergia. En este breve repaso hemos destacado algunos artículos científicos en los que se demostraría su rol como neurotransmisor, hormona y regulador del sistema inmunitario.

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